Enfrentamos un cabrio y un roadster. El Mégane es una delicia de manejo, mientras que la versión GXP del Solstice te pondrá los pelos de punta por sus reacciones. ¿Cuál va con tu estilo?

Esta vez reunimos dos vehículos interesantes, excelentes para disfrutar de la conducción y del sol. Son muy parecidos, pero más allá de que ambos esconden el techo en la cajuela, los estilos son en extremo opuestos.

Se trata de un seductor caballero francés, que atrae por su porte y respeto por sus ocupantes, así es el Mégane Cabriolet. Por el otro un malencarado Pontiac GXP, que se muestra burdo y seco con sus ocupantes, pero a quienes transmite todas las sensaciones del camino. Este enfrentamiento se resume en cuestión de estilos, porque cada uno es el mejor exponente de su segmento. Por parte de los cabrios, el Mégane ofrece la suavidad de marcha para conducir sin sobresaltos, para mirar a ambos lados del camino y para sonreír todo el tiempo. En cambio, el GXP está en el bando de los roadsters, esos biplazas toscos, pegados al piso, de larga trompa y corta trasera, divertidos para llevarlos al limite en una curva pero insufribles para circular con ellos por ciudad.

Confeccionado por un sastre

El Mégane Cabrio porta con orgullo la estampa de un burgués. No tiene por qué esconder una carrocería alta, detalles más elegantes que deportivos o que simplemente está pensando en gustar y no en impactar. Su carrocería adopta los detalles que lo mantienen actual, como el rediseño de las luces o una parrilla retocada. Atrás está la mejor solución de diseño que se le pudo dar. La tapa de la cajuela es alta y forma una línea descendente hacia el frente, la forma de las luces trasera no ha cambiado, sin embargo su diseño original sigue vigente. Los rines de 16” son elegantes y encajan a la perfección con la esencia exclusiva del auto.

Rebelde

El Solstice es un joven rebelde, implacable y de mirada penetrante. Todo lo deja hasta el final, cuando te subes. Esta concebido bajo los lineamientos que un roadster debe seguir. Su largo total es menor que el del ejemplar francés, pero proyecta mayor deportividad y dinamismo. Su distancia tan corta al piso nos habla de un auto al que le gusta la velocidad, sin embargo, esto lo penaliza demasiado para circular con él en calles tan malas como las de la Ciudad de México.

Por adelante, la pecular forma curva del frente no da espacio para una defensa, así que este detalle lo hace aún menos práctico para estacionarlo en cualquier otro lugar que no sea nuestra casa. Los faros, en forma de gota, son determinantes en las formas del auto, pues de allí nace gran parte de su estilo que remarca fuerza en las salpicaderas delanteras. Atrás resaltan las calaveras que sirven de vértice para las líneas del auto.

Su carrocería es la de un biplaza, lo que conforma toda su personalidad, a la que se suma un cofre kilométrico y una cajuela apenas notoria.

Buen gusto

El interior del Mégane es espacioso, bien acabado, con un armado conveniente y con buena iluminación. Presume de cuatro plazas, aunque las traseras son inhabitables, el respaldo está muy inclinado hace delante y el espacio disponible para las piernas solo deja a dos niños ir sentados.

El tablero es el mismo que se encuentra en la versión sedán. No me agradó que carezca de una entrada para reproductores MP3 y de USB. Los asientos delanteros son cómodos, en el caso del conductor se puede encontrar la mejor posición rápidamente y permite gran cantidad de ajustes. Lo que lo hace más agradable es el color del interior y la combinación de tonalidades. A pesar de que hay demasiado plástico éste tiene un buen acabado y son contadas las deficiencias de armado. La consola central mantiene el la pantalla de información en lo más alto. La comodidad dentro del Mégane es su mejor carta.

En el Solstice GXP la fórmula es otra. Este vehículo difícilmente lo podrás llegar a apreciar por la habitabilidad que te pueda ofrecer. El interior exagera en cuanto a plástico y zonas rígidas y desafortunadamente de inmediato te das cuenta de una mala calidad de ensamblado y acabado de las diferentes piezas. En este punto sí queda muy por debajo del Mégane, casi te podría decir que en este apartado no tiene nada qué hacer.

El interior es extremadamente pequeño, no hay espacio en donde colocar lo más esencial, como por ejemplo el celular o las llaves. La posición de manejo es lo mejor y sólo por este hecho puede que te convenza de no bajarte. Vas pegado al piso, en una posición muy vertical con relación al volante, dominas el frente y parece que vas al mando de un trasatlántico llevando el timón desde la popa.

Turbocargado pero sin tanto empuje

La mecánica del Mégane es un cuatro cilindros turbocargado, con apenas 170 caballos de potencia. No te transmite las reacciones del Pontiac, pero no por eso no demuestra que tiene músculo disponible. La potencia extra es la adecuada para un rebase o para una recuperación, sin embargo no le da un carácter más deportivo. La suspensión es suave, si llegas rápido a una curva no reparará en decirte que te acercas a su límite. A cambio ofrece confortable amortiguación que no te castiga al pasar por baches.

Mucha diversión

El Pontiac GXP tiene 90 caballos más galopando. Su comportamiento es opuesto al del francés, pero lo interesante es saber hasta dónde estás dispuesto a soportar tanto castigo. Los recorridos de la caja son cortos y más precisos, y resulta inigualable la sensación de llevarlo en curvas cerradas en las que cobra más importancia el acelerador que el volante para corregir. Su mayor defecto es la suspensión que castigará sin piedad a tu espalda en ciudad y que hasta el tope más bajo dejará huella.

TECHO Y CAPOTA

Sólo un botón.
Sentir el sol en tu cabeza en el Mégane requiere de un botón. El mecanismo, diseñado por Karman, es veloz y espectacular. La tapa de la cajuela se abre de forma invertida para que el techo rígido quede plegado en su interior.

Debes hacerlo

El proceso es más laborioso. Debes liberar los seguros del interior y los de la cajuela. Hecho esto hay que correrla hacia atrás mientras automáticamente toma forma para plegarse en el interior.

Conclusión

da uno: Cabriolet y Roadster. El primero es confortable, sin problemas para usarlo a diario y con la ventaja de viajar con sol el fin de semana. El Pontiac es pequeño y tosco, pero transmite más. Entendiendo que son estilos diferentes, me quedo con el Mégane. El interior está bien acabado, no te sientes atrapado después de subirte y ofrece una mejor marcha. El Solstice GXP pierde por mucho en el tema de armado y materiales, el plástico rugoso y rígido no le va bien, además para moverte debes analizar bien la acción para no golpearte en el interior, ya sea con la puerta o con la palanca.

  Renault Mégane Cabriolet Dynamique Pontiac Solstice
GXP
Motorización
4 cilindros turbo
4 cilindros turbo
Válvulas por cilindro
4
4
Árbol de levas
2
2
Cilindrada
1,998 cc
1,998 cc
Potencia máxima 170 @ 5,000 260 @ 5,300
Par máximo 199.14 @ 3,250 rpm 260 @ 5,250 rpm
Caja de cambios Manual de 6 velocidades Manual 5 velocidades
Tracción Delantera Trasera
Frenos del/ tras. Discos del.vent. / Discos Discos del.vent. /Discos tras.
Neumáticos 205/55 R 16” Del. 245/45 R18”
La./an./al. 4,355 / 1,777 / 1,404 mm 3,992/ 1,810 / 1,273 mm
Vías Del.1,518 mm – tras. 1,514 mm Del.1,543 mm – tras. 1,561 mm
Entre ejes 2,522 mm 2,415 mm
Capacidad de tanque 60 lt 49 lt
Peso en vacío 1,540 kg 1,350 kg
Velocidad máxima 220 km/hr - km/l
Consumo promedio 15.7 km/l - km/l
0 – 100 km/h 8.7 seg. -
  Precio $334,900* MN $362,350 MN




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