Rutas cortas, largos viajes, innumerables arranques, multitud de frenadas. Ingente trabajo para los 54 CV del Panda.
  Construido en Polonia, el pequeño monovolumen de Fiat trabajó de verdad en el test de los 100,000 kilómetros de AUTO BILD hasta demostrar una resistencia tan grata como sorprendente.

A veces, los prejuicios nos ciegan, nos machucamos los dedos y al llegar al final de una prueba nos vemos obligados a rectificar nuestras ideas iniciales. El test de 100,000 kilómetros con el Fiat Panda lo demuestra. Cuando finalmente su cuentakilómetros marcaba 104 mil 575, lo supimos. Sólo nos podíamos preguntar: ¿De dónde sale esta calidad?; ¿cómo es tan resistente? Por eso trasladamos al pequeño Panda a sus orígenes en la factoría donde se produce en Polonia y de cuya línea salen también los que se venden en México. En tamaña aventura nos embarcamos dos tipos larguiruchos, sentados en el estrecho interior y con todo el tiempo del mundo. Desde Hamburgo hasta la localidad polaca de Tychy: la cuna del Pandita.

Un jefe confiado
Al llegar, el jefe de la fábrica, Zdzislaw Arlet, nos da la bienvenida y sólo se interesa por nuestro estado de cansancio: “Bueno, ¿qué tal el viaje?” Después de estirar un poco nuestros largos cuerpos, contestamos con un escueto “Bien, gracias”. Podíamos haber ido con un BMW, porque por el Panda no mostró el mínimo interés. Sabía que no nos daría problemas. Poco más hay que añadir sobre la confianza que tenía.

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