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Construido
en Polonia, el pequeño monovolumen de Fiat trabajó
de verdad en el test de los 100,000 kilómetros
de AUTO BILD hasta demostrar una resistencia tan grata
como sorprendente.
A veces, los prejuicios nos ciegan, nos machucamos los
dedos y al llegar al final de una prueba nos vemos obligados
a rectificar nuestras ideas iniciales. El test de 100,000
kilómetros con el Fiat Panda lo demuestra. Cuando
finalmente su cuentakilómetros marcaba 104 mil
575, lo supimos. Sólo nos podíamos preguntar:
¿De dónde sale esta calidad?; ¿cómo
es tan resistente? Por eso trasladamos al pequeño
Panda a sus orígenes en la factoría donde
se produce en Polonia y de cuya línea salen también
los que se venden en México. En tamaña aventura
nos embarcamos dos tipos larguiruchos, sentados en el
estrecho interior y con todo el tiempo del mundo. Desde
Hamburgo hasta la localidad polaca de Tychy: la cuna del
Pandita.
Un jefe confiado
Al llegar, el jefe de la fábrica, Zdzislaw Arlet,
nos da la bienvenida y sólo se interesa por nuestro
estado de cansancio: “Bueno, ¿qué
tal el viaje?” Después de estirar un poco
nuestros largos cuerpos, contestamos con un escueto
“Bien, gracias”. Podíamos haber ido
con un BMW, porque por el Panda no mostró el
mínimo interés. Sabía que no nos
daría problemas. Poco más hay que añadir
sobre la confianza que tenía.
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