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AUTO BILD ha estado en el lugar desde el que salen a cuentagotas los más impresionantes vehículos con un cavallino rampante sobre el cofre. He aquí las entrañas del centro de gestación de los purasangre de Ferrari.
Cuando aterrizas en Bolonia empiezas a respirar el aroma Ferrari por todos lados. Hasta el más acérrimo seguidor teutón de Porsche empezaría a ver con otros ojos a la marca italiana. Al llegar a Maranello, el ambiente rosso se convierte en una marea impresionante: tiendas, restaurantes, colegios con el nombre del gran Enzo y hasta parques con restos de carrocerías Ferrari. En la ciudad viven 15,000 personas y la mayoría de los que tienen edad para trabajar, lo hacen directamente para la marca o en algún negocio relacionado con ella.
Al atravesar el pórtico de la fábrica ubicada en el número cuatro de la Via Abetone Inferiore, un nudo se aferra a mi garganta. Voy a entrar en un verdadero santuario, al que sólo se deja acceder a unos pocos elegidos, ya que si no eres distribuidor o cliente Ferrari con invitación, sólo te encontrarás con una puerta cerrada a piedra y cal.
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